Artículos 
- La sabiduria del
cuerpo.- Un acercamiento craneosacral a la salud
esencial
Michael Kern - La Terapia
CraneoSacral
Michael Kern - La Terapia
Cráneo-Sacral
Franklyn Sills -
La Presencia en la Terapia Craneosacral
Javier de María - Contacto
Javier de María - Quan el cos ens parla
- Com és una sessió
Conxita Parra
La sabiduría del cuerpo
Un acercamiento craneosacral a la salud esencial por Michael
Kern
Fecha del artículo 1/9/2000 / Fecha de alta en Natural
10/12/2003
http://www.revistanatural.com/articulo.asp?id=205
El cuerpo cuenta una historia
El cuerpo nunca miente, ya que su forma refleja quiénes somos
por dentro. Si llevamos la cabeza baja, tenemos los hombros
encogidos, el pecho cerrado y los pies pesados, todo ello
puede mostrar sentimientos de debilidad y resignación. Por el
contrario, si portamos la cabeza erguida, los hombros
abiertos, respiramos con facilidad y caminamos con paso
ligero, todo ello indicará confianza y vitalidad. El modo en
que nos presen-tamos ante el mundo está condicionado por
nues-tras creencias, miedos y emociones, y los tejidos
corporales mismos adoptan una forma determina-da para apoyar
este estado mental. Tanto nuestros traumas físicos y
psicológicos, y nuestras experiencias, como nuestros
pensa-mientos y sentimientos más profundos y nuestro carácter
se manifiestan en el modo en que nues-tros cuerpos adoptan
patrones estructurales. Tal y como Marilyn Ferguson señala,
«a lo largo de los años nuestros cuerpos se convierten en
autobio-grafías andantes que hablan, tanto a extraños como a
amigos, de las cargas y tensiones de nues-tras vidas». Las
improntas de cualquier experiencia abrumadora permanecen
contenidas en el cuerpo como inercia, que queda fijada por la
imposibilidad de acceder a los recursos que nos liberarían de
ellas, afectando la capacidad del cuerpo de expresar su salud
intrínseca.
¿Cómo se introduce la infelicidad en la célula?
Cada vez es más ampliamente aceptado el hecho de que los
pensamientos y sentimientos tie- nen una relación directa con
el cuerpo. En el nuevo campo de la psico-neuro-inmunología se
han descubierto una serie de mecanismos corpora-les a través
de los cuales se establecen estas cone-xiones. Por ejemplo,
ha sido descubierta una rela-ción entre nuestros estados
psicológicos y el modo en que se activa nuestra respuesta
inmunológica. Actualmente se sabe que existen una serie de
mecanismos de feedback que traducen experien-cias
psicológicas en funcionamientos físicos. Una investigación
realizada por el Dr. Pritbin en la Universidad de Stanford
demuestra cómo patrones habituales de pensamiento pueden
crear surcos neurales en el córtex del cerebro. Los patro-nes
mentales se convierten literalmente en surcos anatómicos en
el cerebro, que influencian el modo en que el sistema
nervioso central expresa su moti-lidad y, de esta manera,
afectan al movimiento de los tejidos y fluidos relacionados
con él. En mi experiencia, una mente abierta se refleja en
una cabeza «abierta»; es decir, una cabeza relativamen-te
libre de resistencias a la expresión del movi-miento
respiratorio primario. A menudo he perci-bido como una
estrechez y cerrazón dentro del cráneo y de las expresiones
faciales formaban parte de una actitud estrecha de un
individuo de mente cerrada. Según un viejo proverbio
africano, «Todo lo que hay en el corazón, se refleja en la
cara».
El reflejo en las mareas
En un nivel profundo de funcionamiento, las expresiones
rítmicas del Aliento de Vida son un barómetro claro y preciso
de nuestros procesos mentales y emocionales. De este modo,
percibire-mos que la cualidad de las fases del movimiento
respiratorio primario es clara, vital y suave cuando están
presentes la alegría, serenidad y felicidad. Por el
contrario, cuando hay tristeza, miedo o desaliento, la
respiración primaria muestra restric-ciones, debilidad o
estancamiento. Una falta de confianza se puede manifestar
como vacilación, y la ansiedad como temblor. Algunos
terapeutas establecen incluso una correspondencia entre los
estados mentales y emocionales y el modo en que el movimiento
craneosacral expresa sus ciclos rít-micos de flexión y
extensión. La flexión craneosa-cral (con la expansión de lado
a lado) se puede aso-ciar con la acción y la extroversión,
mientras que la fase de extensión corresponde a la pasividad
e introversión. Dependiendo de cómo han sido crea-do los
patrones inerciales en los tejidos del cuerpo, la persona
podrá tener una estructura predomi-nantemente en flexión o en
extensión. A su vez, esta predominancia del movimiento
craneosacral hacia la flexión o la extensión puede estar
asociada con estados mentales. De todos modos, estas
cuali-dades de movimiento son generalizaciones que no siempre
se aplican a cada caso particular.
Feedback circular
La fragmentación del movimiento respiratorio primario se
correlaciona con una fragmentación del funcionamiento de la
totalidad de la persona. Los patrones fisiológicos y las
experiencias emo-cionales se perpetúan mutuamente. La
influencia de la mente en la materia y de la materia en la
mente parece ser un sistema de feedback circular, en el cual
cada uno afecta al otro. A medida que encarnamos las
experiencias psicológicas, los patrones corporales fijados
influencian nuestra experiencia. Lo que denominamos
conciencia y nuestra expresión física son un continuo. Cuando
nuestro continuo mente-cuerpo-emoción se alinea
armoniosamente, el Aliento de Vida se manifiesta con
integridad y equilibrio.
Experiencia emocional
Las lesiones físicas pueden estar asociadas con emociones
particulares. Si los tejidos se contraen para protegernos de
la tensión o el trauma, los sen-timientos que tenemos en ese
momento pueden permanecer como elemento presente en la
con-tracción. Las emociones fuertes y poderosas como el
terror o la desesperanza contribuyen en el desa-rrollo de la
inercia. La impronta de una emoción a menudo juega un papel
significativo en el mante-nimiento de un patrón inercial. De
este modo, un fulcro puede incluir tejidos, fluidos y
potencias que se han vuelto inerciales y contener, al mismo
tiem-po, emociones, sentimientos, creencias y puntos de vista
que han quedado igualmente atrapados.
Experiencias congeladas
Aunque es natural e inevitable experimentar sufrimiento en
nuestras vidas, este puede quedar atrapado en el cuerpo y
continuar mostrándose en ciclos repetitivos como experiencias
congeladas, si no somos capaces de liberarnos de ellas. De
este modo, cargamos con nuestras experiencias físicas y
emocionales como si fuera un equipaje extra que formara parte
intrínseca de nuestras vidas. Esto, a menudo, ocurre a nivel
inconsciente. Cualquier tensión nueva que tengamos que
enfrentar se verá coloreada por nuestro condicio-namiento
previo. Como es bien sabido, vemos el mundo según el color de
las gafas con las que lo estamos mirando. Por ello nuestras
respuestas ante situaciones nuevas parecerán un disco
ralla-do, que sigue reacciones preestablecidas que nos
mantienen atrapados en el pasado en lugar de per-manecer
abiertos y movernos en el presente. Como consecuencia de
ello, la expresión de nuestra matriz original de salud se
verá fragmentada.
Reacciones desmedidas
En ocasiones, nuestros traumas previos se ven reestimulados
con un mínimo de provocación. Si existe demasiada energía o
potencia acumuladas detrás de un patrón inercial, nuestras
reacciones serán muy poderosas. Si además existen emocio-nes
intensas asociadas a este patrón, nuestra res-puesta podrá
ser como la de una bomba de reloje-ría preparada para
estallar en cualquier momento. De este modo, al reestimular
viejos traumas, nues-tras reacciones emocionales pueden ser
desmedi-das y desproporcionadas. Los casos de extrema
sensibilidad y frecuentes estallidos emocionales son buenos
ejemplos de ello.
El papel del tejido conjuntivo
Aunque la inercia psicológica se puede mani-festar en
cualquier parte del cuerpo, parece que el tejido conjuntivo
juega un papel especialmente importante en el almacenamiento
de estas expe-riencias como memorias tisurales. La
intercone-xión de fascias a lo largo del cuerpo ofrece a
menu-do un medio muy apropiado para el almacena-miento de las
energías emocionales atrapadas. Por ejemplo, la rabia
contenida puede manifestarse en un diafragma restringido como
tensión en el plexo solar, que a su vez puede conducir a
problemas digestivos y dolor de espalda. La interconexión de
las fascias mantiene esta situación. Cuando se accede a
estados de equilibrio en los tejidos fascia-les, las fuerzas
inerciales que mantienen este tipo de contracciones pueden
resolverse. Habitualmente, en este momento, las emociones
asociadas surgen a la superficie.
Las memorias de los tejidos
Para resumir, podemos decir que nuestras emociones, actitudes
y patrones de estructura y función se reflejan, estimulan y
mantienen entre sí. Las experiencias emocionales y las
creencias psicológicas dan forma a los tejidos del cuerpo y
estos, a su vez, nos predisponen a expresar ciertas
emocionales y actitudes. El cuerpo y la mente se sostienen
mutuamente. Cuando los pensamientos y emociones fluyen
libremente, nuestras experiencias pueden ir y venir sin
apegos. Sin embargo, las experiencias psi-cológicas
repetitivas o que nos sobrepasan pueden volverse inerciales
y, de este modo, almacenarse en el cuerpo en forma de memoria
en los tejidos. Según Ken Dychtwald, el cuerpo se convierte
en «un almacén de emociones y creencias». Las fuer-zas
inerciales que quedan atrapadas pueden man-tener las memorias
en los tejidos mucho después de que el suceso estresante haya
ocurrido. De este modo, las emociones siguen repitiéndose
cíclica-mente sin llegar a resolverse. Consecuentemente, un
fulcro inercial puede estar compuesto por una serie de capas
distintas: Contener una contracción que afecta al movimiento
de tejidos y fluidos, junto con emociones asociadas que han
quedado envuel-tas en los tejidos y, a su vez, todo ello
estar siendo mantenido por fuerzas subyacentes que se han
vuelto inerciales. A menudo las emociones y actitudes son los
elementos que juegan el papel más importante en el
mantenimiento de la inercia de los tejidos. Esta inercia sólo
se podrá disipar si encontramos los recursos, el espacio y
las habilidades para liberar las experiencias atrapadas. El
elemento fundamen-tal del tratamiento craneosacral reside en
crear las condiciones que permitan soltar estas
experien-cias. Para ello, es fundamental acumular y
favore-cer la expresión de nuestros recursos intrínsecos.
Este proceso en ocasiones implica tomar concien-cia de la
emoción asociada con la inercia, pero no siempre es
necesario. Muchas veces, las cosas se disuelven... si estamos
preparados para ello. Por otro lado, la recapitulación de las
emociones trau-máticas, en lugar de ser un acto terapéutico,
puede retraumatizarnos, si no tenemos los recursos para
revivir estas experiencias manteniendo un claro sentido de
nosotros mismos.
MICHAEL KERN es terapeuta Craneosacral, Osteópata y
Naturópata con consulta en Londres. Es cofundador de la
Craniosacral Therapy Educational Trust (Fundación Educativa
para la Terapia Craneosacral) en Inglaterra, profesor del
Colegio de Osteópatas, de la Asociación Craneal Internacional
y de la Universidad de Westminster. También imparte cursos de
Terapia Craneosacral en Estados Unidos, Suiza e Italia.
Michael Kern
Traducción: Tara Blasco (Extracto del libro de Michael Kern,
que será editado próximamente para el mundo anglosajón,
«Wisdom in the body-A Craniosacral approach to essential
health»).

La terapia Sacrocraneal Michael
Kern
Fecha del artículo 1/9/1999 / Fecha de alta en Natural
19/12/2003
http://www.revistanatural.com/articulo.asp?id=259
En ésta entrevista, Michael Kern, Osteópata y Naturópata
que trabaja desde hace años en Londres, expone los
fundamentos de la Terapia Cráneo-sacral.
Como profesor cuenta con 12 años de experiencia y actualmente
imparte cursos de Terapia Craneosacral y Osteopatía en
Inglaterra, EEUU, Suiza y España.
¿Qué es la Terapia Craneosacral?
La Terapia Craneosacral es una forma de trabajo corporal
suave que tiene sus raíces en la medicina osteopática. La
medicina osteopática se basa en tres contenidos fundamentales
de filosofía y práctica.
El primer contenido es que la estructura y la función están
recíprocamente interrelacionadas. En otras palabras, el modo
en que la estructura del cuerpo se mantiene afecta al modo en
que funcionamos, y viceversa.
El segundo contenido importante es que el cuerpo es una
unidad integrada, tanto en su estado de salud como de
enfermedad. Esto significa que el cuerpo no se puede dividir,
ya que una parte influencia la otra, y hay que considerarlo
como una totalidad unificada.
El tercer contenido es que el cuerpo es capaz de autosanarse;
en otras palabras: el cuerpo tiene las capacidades innatas de
curarse si se dan las condiciones adecuadas para que los
mecanismos de curación se manifiesten.
La Terapia Craneosacral se basa en el principio de que existe
una pulsación sutil que emerge en los tejidos y fluidos del
núcleo del cuerpo. Esta pulsación es una expresión de la
fuerza de vida básica del individuo; los primeros terapeutas
craneosacrales la denominaron «Aliento de Vida». La
naturaleza de esta pulsación es rítmica; tiene una fase de
expansión y otra de relajación; y se expresa en todos los
fluidos, huesos, tejidos, membranas, y dentro y alrededor del
sitema nervioso central, aunque también es posible sentirla
en todo el resto del cuerpo. Esta pulsación se denomina
«Impulso Respiratorio Primario», y realiza un papel
fundamental en el mantenimiento del orden e integración
cuerpo/mente.
Entendemos que cuando el Aliento de Vida se expresa
rítmicamente en los tejidos y fluidos del cuerpo, la salud y
el equilibrio se mantienen. Sin embargo, el bloqueo o
restricción de la expresión de esta pulsación es una causa
fundamental y básica de muchas patologías y
enfermedades.
El terapeuta craneosacral se entrena para utilizar su
palpación en el diagnóstico de cómo el cuerpo se ha
estructurado y funciona alrededor de los bloqueos o lugares
de restricción. La forma de palpación utilizada para ayudar
al cuerpo a liberar sus resistencias y bloqueos es muy suave,
y ello permite que los ritmos y las pulsaciones inherentes
más profundas se expresen con libertad.
El Impulso Respiratorio Primario se considera primario porque
hace referencia a un proceso de vida más básico que la
respiración a través de los pulmones, que se suele denominar
Respiración Secundaria. La Respiración Primaria como
expresión del Aliento de Vida subyace a todos los demás
procesos vitales del cuerpo. Por ello, es posible que la
Respiración Secundaria o el latido del corazón se detengan
mientras que la Respiración Primaria continúa presente; en
este caso la persona está viva.
El fundador de la Osteopatía Craneosacral, el Dr. Sutherland,
relató en alguna ocasión lo que le ocurrió cuando paseaba a
la orilla de un lago, y encontró a un hombre que se había
ahogado. Este hombre estaba acostado en la orilla y sus
señales vitales respiratorias, al igual que su ritmo cardíaco
se habían detenido. Sin embargo, cuando Sutherland puso las
manos en su cabeza, sintió que todavía estaba presente la
Respiración Primaria. Entonces aplicó una técnica para
fomentar el reinicio del Impulso Respiratorio Primario, y en
un breve lapso de tiempo, el corazón de este hombre y su
respiración comenzaron de nuevo, y su vida se salvó.
Sutherland descubrió que las suturas del cráneo se
mueven.
¿En qué medida este descubrimiento ha sido significativo
para el estudio de la fisiología y anatomía del sistema
humano?
Sutherland era un estudiante de Osteopatía de principios de
siglo en América, y aprendió, como los demás estudiantes de
Osteopatía de aquella época, que los huesos craneales no se
mueven ya que quedan fusionados y fijados en el adulto. Sin
embargo, un día que estaba examinando algunas articulaciones
craneales en el laboratorio observó la forma en que una de
las suturas de estos huesos se superpone a la otra, y
escribió al respecto: «Un pensamiento me golpeó: esta sutura
está biselada como las agallas de un pez y diseñada para la
Respiración Primaria». Realmente no entendió este pensamiento
y ni siquiera supo de donde procedía, pero no se lo pudo
quitar de la cabeza. Así que decidió realizar un experimento
para probarse a sí mismo que los huesos craneales no se
movían, ya que eso era lo que había aprendido. Su
razonamiento era que, si los huesos craneales se moviesen
(cosa que dudaba), al impedir este movimiento, los efectos de
ello deberían ser perceptibles.
Así que diseñó una especie de casco con unos tornillos de
ajuste a ambos lados , que podía apretar a discreción, para
impedir el movimiento craneal. Se colocó el casco en su
propia cabeza para experimentar sus efectos, y en un breve
plazo de tiempo empezó a sentirse mal. Como el resultado de
su experimento no coincidía con sus expectativas, decidió
continuar experimentando por un tiempo. Después de hacer
varias pruebas durante unos meses, el Dr. Sutherland comenzó
a sentirse bastante enfermo y seriamente desorientado. Su
mujer le suplicó que detuviera los experimentos porque ya
tenía suficientes pruebas para afirmar que, cuando se impide
el movimiento de los huesos craneales, aparece la
enfermedad.
Estos experimentos le incitaron a investigar la causa de sus
descubrimientos, a lo que dedicó el resto de su vida. Sus
investigaciones le permitieron identificar y comprender
niveles de funcionamiento del cuerpo más sutiles –niveles que
anteriormente no habían sido identificados–, y desarrollar
habilidades terapéuticas para remediar cualquier disfunción
en estos niveles de funcionamiento.
El Dr. Sutherland identificó cinco aspectos fundamentales de
este Movimiento Respiratorio Primario. (Ver gráfico)
El primero fue la fluctuación inherente del líquido
cefalorraquídeo. Este líquido baña el Sistema Nervioso
Central y, el Dr. Sutherland descubrió que al circular
alrededor del S.N.C. expresa una pulsación sutil, que
describió como un movimiento en forma de marea y denominó
Inhalación Primaria y Exhalación Primaria. Durante la
Inhalación Primaria hay una expansión y subida de los
fluidos, y durante la Exhalación Primaria los fluidos
descienden hacia la parte inferior del cuerpo.
El segundo aspecto del Movimiento Respiratorio Primario es la
motilidad inherente del S.N.C. El Dr. Sutherland descubrió
que los tejidos mismos del S.N.C. respiran y lo hacen en un
movimiento rítmico que coincide con el movimiento de marea
que sigue el líquido cefalorraquídeo.
El tercer aspecto fundamental es la respiración y el
movimiento de lo que denominó el Sistema de Membranas de
Tensión Recíproca. Este sistema esta compuesto por una banda
de membranas relativamente inelástica que divide las
diferentes partes del cerebro y tiene su continuidad con la
capa membranosa de la duramadre en el cráneo y en la columna
vertebral. Estas membranas también se mueven siguiendo las
fases de Inhalación y Exhalación Primaria. El cuarto aspecto
es la existencia de movimiento en las suturas craneales, algo
que el Dr. Sutherland identificó y probó clínica y
experimentalmente. El cráneo está formado por numerosos
huesos que se articulan entre sí; estos huesos expresan un
movimiento sutil pero perceptible, tanto en sus
articulaciones como dentro de sí mismos. Los huesos de los
seres vivos también expresan la pulsación primaria del
Aliento de Vida en la forma sutil de expansión y ampliación
en la fase de Inhalación y de estrechamiento en la fase de
Exhalación. Como quinto y último aspecto, Sutherland
identificó el movimiento involuntario del sacro entre los
huesos ilíacos de la pelvis. Este movimiento ocurre en el
sacro, no como resultado de movimientos voluntarios tales
como andar, correr o doblarse hacia adelante, sino como
respuesta directa a la respiración primaria.
¿Qué significa el concepto de «dedos pensantes»?
Los terapeutas craneosacrales utilizan la palpación como un
toque muy ligero para diagnosticar y tratar los trastornos y
enfermedades. Este arte palpatorio puede aplicarse con mucha
precisión; de este modo, el terapeuta craneosacral percibe a
través de sus manos los movimientos y cualidades sutiles del
Impulso Respiratorio Primario y diagnostica dónde se
localizan las resistencias y bloqueos que impiden la
expresión libre de los ritmos internos. Sutherland consideró
que este proceso se fundamenta en la utilización de «dedos
pensantes».
Así pues, los terapeutas craneosacrales aprenden a pensar
y sentir a través de los mecanismos propioceptivos de sus
dedos, y de este modo son capaces de leer la historia del
cuerpo de sus pacientes. Esta lectura se realiza a través de
los movimientos, cualidades y formas sutiles contenidos en
los fluidos y tejidos del cuerpo. Este es un proceso de
escucha profunda, durante el cual el terapeuta craneosacral
mantiene una atención abierta y neutral.
Es muy importante que el terapeuta mantenga una atención
realmente abierta y neutral para poder palpar lo que
verdaderamente ocurre en el cuerpo del paciente, sin imponer
sus propias ideas y expectativas.
¿Puede explicar el concepto de “establecer un diálogo con
el organismo”?
El terapeuta entra en una especie de diálogo o conversación
con el cuerpo del paciente a través de la escucha con sus
dedos, y responde a las señales que el organismo del paciente
emite. Al mismo tiempo, puede hacer preguntas al cuerpo del
cliente, enviando sugerencias sutiles a través de sus dedos y
percibiendo cómo responde éste. Un ejemplo de ello sería
preguntar a un hueso en particular si le gusta moverse hacia
la derecha o hacia la izquierda.
Esta pregunta se puede plantear mandando una sugerencia sutil de movimiento, hacia la derecha o la izquierda, a través de los dedos del terapeuta que están en contacto con ese hueso particular. Si esa parte del cuerpo del cliente tiene una contracción de cualquier tipo, como podría ser un tirón hacia el lado derecho, entonces el hueso aceptará con gusto esta sugerencia de movimiento hacia la derecha; en otras palabras, se moverá de manera natural hacia la dirección en la que está el tirón, es decir, su dirección de facilidad. Podemos realizar estos test sutiles de movimiento
cuando sean necesarios para clarificar los patrones de tensión y resistencia que tiene el cuerpo del paciente. De hecho, todo el proceso de diagnóstico y tratamiento es una forma de conversación entre las manos del terapeuta y el cuerpo del cliente. El paciente puede tener una restricción o bloqueo particular y el terapeuta puede identificar esta restricción, su forma, su localización y la cualidad que contiene. Las manos del terapeuta actúan como fulcro o punto de referencia alrededor del cual el cuerpo del cliente se empieza a reorganizar.
Hay varias técnicas o habilidades que el terapeuta puede
utilizar para ayudar al cuerpo del cliente a reorganizarse y
crear las condiciones para la autocuración. Todas estas
técnicas tienen un enorme respeto por la Inteligencia
inherente del cuerpo.
Así pues, nunca se impone nada sobre el cuerpo del paciente,
ni se fuerza al organismo para hacer algo que todavía no está
preparado. Una de las habilidades fundamentales que el
terapeuta tiene que desarrollar es la de buscar la expresión
de la salud en el cuerpo del cliente, sin centrar su atención
en tratar de curar las enfermedades. Las habilidades o
técnicas utilizadas tienen la finalidad de estimular la salud
en una zona de resistencia o disfunción. Este proceso de
sanación emerge del propio cuerpo del paciente; no es algo
que haya que dar al paciente, sino que es algo que siempre
está presente, incluso en las condiciones de enfermedad más
severas o en las zonas más alteradas y restringidas. Así
pues, la impronta de la salud y el equilibrio siempre está
presente en nuestro interior y sólo necesitamos reconectar
con ella para que ocurra la curación.
¿En qué campos y con qué tipos de pacientes puede ser
efectiva esta terapia?
La Terapia Craneosacral puede ayudar en el tratamiento de
muchas enfermedades ya que el énfasis del trabajo radica en
ayudar a restablecer la expresión de la salud en el cuerpo,
quitando los obstáculos que impiden el buen funcionamiento
del organismo y creando las condiciones para la expresión de
la salud. Esta terapia no se limita a tratar algunas
enfermedades concretas, ya que los síntomas o las patologías
desaparecen de manera natural cuando se fomenta e incrementa
el estado de salud. Como consecuencia de ello, la Terapia
Craneosacral no se utiliza únicamente para curar ciertos
síntomas sino para ayudar a que la totalidad de la persona se
realinee con la salud.
Sin embargo, los pacientes suelen presentarse con problemas
concretos que demandan tratamiento. La siguiente lista
muestra algunas de las condiciones, entre otras , que pueden
responder favorablemente al tratamiento craneosacral:
• Problemas orgánicos de tipo respiratorio y digestivo.
• Problemas musculoesqueléticos y de la estructura corporal:
cifosis, lordosis, escoliosis, lumbago, ciática, hernia,
dolor y tensión muscular, problemas de las
articulaciones.
• Alteraciones nerviosas: insomnio, hiperactividad,
agotamiento, parálisis facial, tics, pitidos en los oídos,
pinzamientos espinales y otras neuralgias.
• Cefaleas de tipo migrañoso o tensional.
• Alteraciones inmunológicas, alérgicas y endocrinas: asma
bronquial, rinitis alérgica, sinusitis.
• Problemas emocionales: depresión, ansiedad.
Todas estas condiciones normalmente mejoran o se resuelven
totalmente como resultado de la Terapia Craneosacral.
¿Con qué frecuencia es necesario aplicar esta
terapia?
El número de sesiones varía mucho de paciente a paciente, y
depende del nivel de salud que ya esté presente. Algunas
personas quizás necesiten solamente una o dos sesiones; sin
embargo, otras con condiciones más crónicas pueden requerir
un tratamiento continuado durante un periodo de tiempo.
Inicialmente, los tratamientos se suelen ofrecer cada semana
o cada quince días. Muchos pacientes encuentran que entre
seis y diez sesiones son suficientes para resolver las
condiciones con las que vinieron a vernos. Después de ello,
quizás elijan continuar recibiendo sesiones de mantenimiento
o sesiones para comprobar su estado de salud. De todos modos,
cada individuo es diferente y el programa de tratamiento
varía en cada caso particular.
¿En qué se diferencia esta terapia del tratamiento
osteopático o del masaje?
Esta forma de tratamiento es suave y sutil; no aplica ninguna
presión o fuerza sobre el cuerpo del paciente, ni tiene la
intención de provocar unos efectos determinados, sino que
busca simplemente estimular la expresión de la salud
inherente del sistema.
Así pues, en la Terapia Craneosacral trabajamos con la propia
expresión del Aliento de Vida en el organismo del paciente,
para que ella realice las correcciones necesarias en la
estructura del cuerpo del cliente y en su funcionamiento.
Como terapeutas no intentamos «arreglar» o solucionar nada
sino que estimulamos que sea el propio organismo del paciente
el que resuelva los trastornos por sí mismo; ésta es la
diferencia fundamental.
¿Tiene efectos permanentes y duraderos?
Los efectos son normalmente muy profundos y duran mucho; al
mismo tiempo, ayudan a los individuos a introducir cambios
significativos en sus vidas y en su salud, pero no se trata
de una cura milagrosa. La Terapia Craneosacral ayuda a
incrementar y favorecer la expresión de la salud y el
equilibrio en el cuerpo, pero esto únicamente se puede
realizar al ritmo que resulte natural para cada individuo.
Nosotros, como terapeutas, podemos facilitar que las
condiciones para la expresión de la salud estén presentes,
pero el cliente tiene que hacer algo para mantener este
estado y ello implica prestar atención a todos aquellos
factores presentes en la enfermedad. Los factores subyacentes
al estado de salud o enfermedad pueden ser múltiples, tales
como por ejemplo: traumas, problemas mentales o emocionales,
toxicidad, entorno del paciente o incluso trastornos
hereditarios. Pero tenemos que recordar que el cuerpo siempre
busca el estado de salud y equilibrio, sean cuales sean sus
circunstancias. La Terapia Craneosacral utiliza simplemente
un tratamiento con las manos para ayudar a retirar los
obstáculos y permitir que el estado de salud se
manifieste.
¿Es muy popular esta forma de terapia en otros países?
Se ha hecho muy popular en los últimos años. Actualmente se
practica en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Suiza,
Bélgica, España, Italia, Alemania, Holanda, Australia,
Sudáfrica y otros muchos países.
Desafortunadamente, al mismo tiempo que su popularidad ha
aumentado también se ha incrementado el número de cursos de
formación inadecuados e incompletos que se ofrecen hoy en día
a los profesionales.
¿Puedes hablar de la utilidad de esta terapia en problemas
dentales y en colaboración con los dentistas?
Una de las condiciones que a menudo responde muy bien al
tratamiento craneosacral es la que presenta los problemas
mandibulares; es decir, los problemas en la articulación
temporomandibular. Los problemas en esta articulación suelen
estar asociados con otra serie de síntomas como dolores
faciales, dolores de cabeza, nuca, espalda, oído, ruidos en
los oídos o mareos. Este conjunto de síntomas o síndrome,
denominado el síndrome temporomandibular es muy conocido por
los dentistas. Ellos a menudo intentan remediar esta
situación colocando puentes y alineando la mandíbula.
Al mismo tiempo, la Terapia Craneosacral puede ser una gran
ayuda para liberar las tensiones contenidas en la estructura
mandibular y en las estructuras que la rodean (cabeza, cuello
y cara). En casos de esta naturaleza, la Terapia Craneosacral
puede ser utilizada en colaboración con los dentistas para
trabajar con problemas mandibulares y con el alineamiento de
los dientes.
¿Se utiliza esta terapia en el trabajo pre-post y
perinatal? La mayoría de las personas tienen secuelas del
trauma de nacimiento, ¿cómo trabaja la Terapia Craneosacral
en estos casos?
Algunas causas comunes de la restricción del Impulso
Respiratorio Primario son el resultado de las contracciones o
bloqueos que ocurren durante el proceso del parto o de los
traumas prenatales. Cuando un niño nace su cráneo es blando y
flexible, lo que le permite pasar por el canal del parto. La
cabeza del bebé, literalmente, se aplasta cuando recorre este
canal y las estructuras craneales quedan a menudo
distorsionadas al ser empujadas y comprimidas unas contra
otras. Estas distorsiones tienden a resolverse de manera
natural en los días o semanas después del parto; pero en
muchas ocasiones no ocurre así, particularmente cuando el
niño ha quedado atascado en alguna de las fases del parto. De
este modo, el trauma contenido en el cuerpo del bebé puede
producir un amplio abanico de síntomas, tales como por
ejemplo: inquietud e intranquilidad, pérdida de apetito,
cólicos, espasmos y sacudidas, problemas en el desarrollo e
incluso lesiones en el cerebro.
Estos patrones traumáticos a menudo permanecen durante toda
la infancia y la vida adulta, produciendo una amplia gama de
disfunciones posibles y contribuyendo al debilitamiento del
estado general de salud.
El tratamiento manual suave que ofrece la Terapia
Craneosacral puede ayudar a liberar estas compresiones
traumáticas que son el resultado del parto. Se recomienda que
todos los niños sean vistos por terapeutas craneosacrales
cualificados poco después del nacimiento, ya que ello puede
prevenir muchos problemas que podrían aparecer más adelante a
lo largo de sus vidas.
Los niños y bebés tienden a responder muy rápidamente al
tratamiento craneosacral ya que sus cuerpos contienen menos
restricciones y traumas que los cuerpos de la mayoría de los
adultos.
Una de las maravillas de la Terapia Craneosacral es que puede
ser utilizada de manera segura en cualquier persona, desde
bebés hasta ancianos, ya que no aplica ninguna fuerza y las
manos hábiles y cuidadosas del terapeuta trabajan con los
propios patrones de movimiento inteligente del cuerpo del
paciente.
Tara Blasco

Terapia
Cráneo-Sacral por Franklyn Sills
Fecha del artículo 1/9/1998 / Fecha de alta en Natural
1/8/2004
http://www.revistanatural.com/articulo.asp?id=326
La Terapia Cráneo-Sacral es una
forma de medicina complementaria relativamente reciente que
se extiende con rapidez debido a que, tanto terapeutas como
clientes, están percibiendo su capacidad de acceder al núcleo
de la enfermedad y del proceso sanador. La Terapia
Cráneo-Sacral se basa en el descubrimiento realizado por su
fundador, el Dr. William Garner Sutherland (1873-1954), de
los principios básicos de ordenamiento y curación del cuerpo
humano. Franklyn Sills explora algunos de estos principios y
ofrece su experiencia personal.
Algo remarcable ocurrió a principios de este
siglo. Un joven estudiante de osteopatía meditaba sobre la
naturaleza del cráneo humano. Mientras contemplaba un hueso
temporal desarticulado, un pensamiento extraordinario golpeó
su mente: «¡Este hueso está biselado como las agallas de un
pez, diseñado para la respiración primaria!». Este
pensamiento aparentemente extraño condujo al Dr. William
Garner Sutherland a una exploración que ocupó el resto de su
vida, acerca de las raíces y profundidades del sistema
humano. Este hombre, profundamente espiritual, pensó que
había recibido este pensamiento como una guía para
direccionar su vida y su trabajo. De hecho, estaba a punto de
descubrir un ritmo de vida primario dentro del cuerpo humano
y de desarrollar conceptos y una forma de tratamiento
revolucionaria y profunda, que ha tenido enormes
repercusiones en todas las artes sanadoras.
El gran descubrimiento del Dr. Sutherland no fue nada menos
que el principio ordenante y sanador básico del cuerpo
humano, una energía de vida primaria que él denominó «Aliento
de vida» y que tiene las funciones más integradoras y
sanadoras del sistema humano. En un principio, lo detectó
como un movimiento rítmico, sutil y estable que se puede
percibir en todo el cuerpo con unas manos sensibles y
entrenadas. Conforme exploraba este movimiento, se dio cuenta
de que estaba palpando una «motilidad» básica, o movimiento
inherente, que era impulsado por lo que llamó la «potencia»
del Aliento de Vida. Esta potencia actúa como el rayo de
referencia de un holograma: todo está relacionado con él y ha
de referirse a él para mantener los procesos de ordenamiento
y curación.
Él creyó que la potencia del Aliento de Vida era una
expresión de la «Inteligencia» de la vida misma, clave para
un funcionamiento adecuado del cuerpo. Más adelante percibió
que esta Inteligencia, o potencia primaria, era asumida por
el fluido cerebroespinal que rodea el cerebro y la médula
espinal. Esta transmisión de la potencia del Aliento de Vida
al líquido cefalorraquídeo (o fluido cerebroespinal) se
convirtió en el concepto fundamental de su modalidad de
tratamiento. Cuando el líquido cefalorraquídeo recibe esta
potencia, se inicia un movimiento fluido en forma de marea,
que produce una fluctuación en el cuerpo. El Dr.
Sutherland llegó a comprender que esta fluctuación del fluido
conduce y transporta la potencia del Aliento de Vida a todas
las células y tejidos del cuerpo.
El concepto craneal
Este nuevo punto de vista sobre el sistema humano, que
el Dr. Sutherland denominó el Concepto Craneal, reconoce las
raíces más profundas y las potencialidades más elevadas.
Dentro de este sistema, como hemos visto, está contenido el
concepto de la existencia de una fuerza de vida inteligente
que se transmite por todo el cuerpo a través de sus sistemas
de fluidos, y que se describe como el «médico interno» porque
posee «potencias sanadoras inherentes» y una «Inteligencia»,
con «I» mayúscula. El Dr. Sutherland denominó a esta
fluctuación rítmica, en forma de marea, del líquido
cefalorraquídeo y de todos los fluidos del cuerpo en general
«Impulso Rítmico Craneal». Al diseminar la potencia del
Aliento de Vida a través del sistema humano, el Impulso
Respiratorio Primario, conducido por el Aliento de Vida,
mantiene la vitalidad del cuerpo y la energía constitucional,
al igual que sus recursos sanadores. Este Impulso se expresa
como un movimiento rítmico y sutil en los tejidos, y se
denomina movimiento cráneosacral, actuando en todas las
células y tejidos del cuerpo; tiene dos fases de movimiento,
denominadas inhalación y exhalación primarias. El Dr.
Sutherland descubrió que la capacidad de palpar estos
movimientos puede proporcionar una gran cantidad de
información terapéutica.
El Mecanismo Respiratorio Primario
Cualquier sistema energético tiene que tener su expresión
física en la anatomía y fisiología del cuerpo. El Dr.
Sutherland descubrió que el Impulso Respiratorio Primario
tiene sus raíces anatómicas en las estructuras asociadas y
unidas a la duramadre. La duramadre es la membrana que rodea
el cerebro, la médula espinal y el sistema nervioso central.
El Dr. Sutherland considera este sistema, con todos los
fluidos y las estructuras que se encuentran directamente
unidas a él, como el Mecanismo Respiratorio Primario, que se
ha convertido en uno de los principios fundamentales del
Concepto Craneal. Este mecanismo se compone de cinco aspectos
interrelacionados:
La fluctuación inherente del líquido
cefalorraquídeo
Este es el movimiento en forma de marea del líquido
cefalorraquídeo creado por la potencia del Aliento de Vida.
Se expresa en la fase de inhalación del Impulso Respiratorio
Primario como una subida general del fluido y la potencia en
la totalidad del cuerpo y, en la fase de exhalación, como una
bajada o descenso general de este fluido. Se puede percibir
como una fluctuación en forma de marea, y no como una
corriente de fluido lineal.
La motilidad inherente del cerebro y la médula
espinal
En la medida en que las células del cerebro y la médula
espinal asumen y expresan el Aliento de Vida, comienza una
motilidad rítmica en el sistema nervioso central. Esto se
expresa también como un movimiento recíproco bipolar en las
dos fases del Impulso Respiratorio Primario, y puede ser
palpado por unas manos sensibles y entrenadas.
El sistema de membranas de tensión
recíproca
El sistema de membranas durales siempre expresa esta
motilidad, o movimiento inherente, bajo tensión. Igualmente
expresa un movimiento bipolar en las dos fases del Impulso
Respiratorio Primario.
La movilidad de las suturas craneales
Este es el primer aspecto del sistema que atrajo el interés
del Dr. Sutherland. Él había aprendido que el cráneo del
adulto estaba fusionado, pero descubrió que esto no era así.
Las suturas del cráneo tienen una movilidad y permiten que
los diversos huesos craneales expresen igualmente el Impulso
Respiratorio Primario en la forma de una motilidad
recíproca.
El movimiento involuntario del sacro
entre las ilíacas de la pelvis
El sacro está firmemente unido al sistema de membranas
durales y, de este modo, forma parte del Mecanismo
Respiratorio Primario. Igualmente expresa una motilidad
involuntaria o inherente en el «polo inferior» de este
mecanismo.
Estos cinco aspectos o relaciones suplen a los tejidos y
fluidos del núcleo del cuerpo humano, que expresan un
movimiento rítmico inherente, denominado motilidad, que puede
ser palpado y sentido por el terapeuta entrenado. Este
movimiento es el resultado directo de la potencia o
bioenergía primaria del sistema humano y se considera una
expresión de sus recursos sanadores. El Dr. Sutherland
entendió que la fluctuación del fluido cerebroespinal era un
elemento fundamental en el sistema, y escribió: «Dentro del
fluido cerebroespinal existe un elemento invisible al que
hago mención como el «Aliento de Vida». Quiero que visualices
este Aliento de Vida como un fluido dentro del
fluido, algo que no se mezcla, algo que tiene potencia y que
lo impulsa al movimiento... Visualiza una potencia, una
potencia inteligente que es más inteligente que la propia
mente humana» (William Garner Sutherland, Teachings in
the Science of Osteopathy, Rudra
Press).
Esta afirmación tiene unas vastas repercusiones para las
artes sanadoras. Señala la primacía del fluido cerebroespinal
y su vital rol como mediador entre el Aliento de Vida y el
sistema de tejidos del cuerpo. Si el terapeuta puede percibir
el Aliento de Vida, con su potencia, los recursos y procesos
sanadores del cuerpo se verán incrementados y ¡el potencial
sanador del proceso terapéutico será ilimitado!
La Terapia Cráneo-Sacral
El principal propósito de la Terapia Cráneo-Sacral es
potenciar la expresión más plena del Aliento de Vida en el
cuerpo humano y restablecer su presencia en aquellos lugares
donde su expresión se ha visto impedida. El énfasis del
trabajo se centra en dos aspectos fundamentales. Primero, el
terapeuta debe apreciar los recursos de que dispone el
sistema y estimular los procesos que ayuden a incrementar
estos recursos. En la práctica de la Terapia Cráneo-Sacral la
fuerza de la marea, o el «impulso del fluido», se percibe
como una expresión de estos recursos energéticos inherentes.
Segundo, el terapeuta debe embarcarse en una exploración del
sistema para facilitar la liberación de los patrones de
resistencia, congestión y patología que conducen a una
reducción de la vitalidad en el cuerpo humano. Una vez
realizada esta exploración, la intención se centra en
restablecer la relación entre la potencia del Aliento de Vida
y los tejidos y sistemas del cuerpo.
El terapeuta palpará inteligentemente las dinámicas sutiles
de movimiento del sistema humano y apreciará y potenciará los
procesos de autosación y autoequilibrio del cliente. El
tratamiento, entonces, consiste en un contacto a través de
las manos, escuchando con atención lo que ocurre en el
sistema humano; ello nos sirve tanto de diagnóstico como de
tratamiento. En esencia, la Terapia Cráneo-Sacral es un arte
y una ciencia de la escucha profunda de la expresión del
Aliento de Vida en el sistema humano, y una forma de terapia
que ofrece las respuestas apropiadas ante lo que percibe.
Para ello, el terapeuta establece con sus manos un contacto
muy suave con los patrones de resistencia de los tejidos en
el cuerpo y ayuda a facilitar que se liberen y reorganicen.
El practicante llega a desarrollar una gran habilidad en la
escucha y en la diferenciación entre los diferentes patrones
de movimiento y las distintas pulsaciones del sistema humano.
Ello requiere un claro conocimiento y entendimiento de la
anatomía y fisiología, y una profunda apreciación de las
dinámicas sutiles de movimiento de todos los tejidos y
órganos del cuerpo humano.
El terapeuta puede ayudar a facilitar un incremento de la
potencia del Aliento de Vida, estableciendo una correcta
relación con el Impulso Respiratorio Primario. La intención,
en este caso, es la de incrementar la vitalidad general y las
fuerzas constitucionales del sistema. Al mismo tiempo, el
objetivo reside también en facilitar la expresión de los
recursos sanadores presentes dentro de los patrones de
resistencia y congestión del sistema. De este modo, el
terapeuta siempre trabaja y estimula la salud del
sistema, para que ésta se exprese incluso en los patrones más
crónicos de restricción y resistencia. Nuestra intención no
será nunca la de «reparar» algo, sino la de estimular nuevos
niveles de orden y equilibrio en la mente y el cuerpo. Esto
se realiza a través de un contacto suave de las manos con los
fluidos y tejidos del cuerpo. La Terapia Cráneo-Sacral es
realmente un arte de la escucha del lenguaje del movimiento y
pulsación en el cuerpo humano, sintiendo y entendiendo este
lenguaje y respondiendo de manera apropiada a las necesidades
sanadoras del sistema humano.
La Terapia Cráneo-Sacral en
acción
En la siguiente presentación de algunos casos clínicos, he
cambiado los nombres y las circunstancias, pero he mantenido
sin embargo con mucha precisión el cuadro clínico y el
proceso de tratamiento empleado con cada paciente. Quizás os
pueda dar la sensación de que he «hecho» muchas cosas en
estas sesiones pero, sin embargo, la esencia de todo el
trabajo ha sido una escucha profunda y un estado de quietud,
con una completa confianza en que el sistema del cliente
posee la Inteligencia inherente para autosanarse.
Franklyn Sills
Artículo cedido por la revista inglesa Caduceus
Traducción: Tara Blasco. Terapeuta Cráneo-Sacral

La Presencia en la Terapia Craneosacral
Javier de María
Ante la invitación
de escribir sobre la presencia, me surgen más preguntas que
respuestas. Pero vamos a ver si consigo entender lo que yo
mismo pienso y siento sobre el tema y así poderlo compartir.
Aunque quizás tan solo sirva como un mero punto de vista mas
con el que poder descubrir si te sientes identificado o no,
de tal manera que nos sirva a cada uno como una posible guía
para encontrar un entendimiento propio.
Me surge la reflexión acaso se puede no estar presente, dicho
de otro modo, ¿quién o qué, es lo que está o no presente?
¿Dónde o en qué estoy presente. ¿Acaso son igualmente
interesantes todos los estados de presencia? ¿Tiene que ver
entonces la presencia con el cuerpo? Porque el cuerpo siempre
está presente. O ¿quizá tiene que ver con la
conciencia, ese darse cuenta de uno mismo?
En el momento en el que me siento junto a un paciente, busco
la postura apropiada, tomo una respiración profunda y suelto
la tensión corporal tanto como me es posible, procurando
aquietar la mente me dispongo a estar abierto, presente a la
relación que se va estableciendo.
Si a continuación me surge un pensamiento que me distrae de
estar en la escucha del proceso que estábamos compartiendo y
esto me lleva a dedicar toda mi atención a ese
pensamiento que me cautiva y entretiene, no se podría decir
que no estoy presente. sino que mi presencia no está con
él.
Ahondando en esto me surge otra reflexión; acaso uno mismo es
el cuerpo cambiante que un día fue un embrión, pasó por la
infancia, pubertad y que se acerca ahora a la madurez; o soy
el que se da cuenta de ese y otros procesos (o ambas cosas a
la vez). De aquí surge la pregunta ¿pudiera estar presente
sin necesidad de estar en el cuerpo físico?
Cuando un cliente se tumba en la camilla y le pregunto ¿estas
cómodo en esta posición? Y me responde si o no, en ese
momento suele estar presente. Pero si le vuelvo a realizar la
misma pregunta a mitad de sesión creo que pudiera responderme
que no siempre es consciente de su propio cuerpo. Y sin
embargo, tal vez aun no siendo consciente del propio cuerpo
están teniendo muy presente un determinado evento de sus
vidas, ya sea este pasado, presente o imaginario.
Entiendo, que cuando hablamos de presencia nos referimos a
ese estado o habilidad no tanto de permanecer en el ahora; ya
que creo que siempre estamos en presente, puesto que aun
cuando recuerdo el pasado lo hago en el presente, ya sea,
cuando imagino estar paseando por las dunas de Egipto, ya sea
cuando siento el dolor de una perdida que sucedió hace años.
Ambas cosas las percibo en el momento actual; si no más bien
en estar en el ahora y además en el aquí, lo cual aún creo
que todavía sigue sin ser especialmente valioso para el
cliente que sigue tumbado en la camilla, pues podría estar en
el aquí y ahora, presente, con mis manos delicadamente
apoyadas sobre sus hombros y mis pies firmemente apoyados
sobre el suelo y pasar toda la sesión entretenido en como mis
pies están calientes y relajados, notando cómo mis rodillas
se sustentan sobre los tobillos sin esfuerzo alguno por mi
parte... Pero posiblemente esto continúa sin ser de gran
ayuda para el cliente.
Posiblemente tendríamos que añadir que además de ser
consciente de mi propio cuerpo, de mí mismo hasta donde yo
sea capaz de identificar ese YO, de permanecer en el
presente, lo cual siempre hacemos y de permanecer
simultáneamente en el aquí. En el contesto de la sesión es
necesario establecer también el campo de la Relación
Soy, Estoy, Ahora, Contigo.
A mi entender es desde aquí desde donde se produce la escucha
profunda, la resonancia con el Espíritu, ese encuentro en
Quietud Dinámica donde la historia puede ser contada y
escuchada. Reflejada sin juicio, como el espejo que tan solo
devuelve la imagen que se muestra frente a él sin ser
falseada por interpretaciones personales. Es desde aquí, creo
yo, donde se puede producir el cambio, ese Cambio que se
autorregula desde el interior de cada ser vivo fruto de su
conexión con la Vida, donde la homeostasis corporal se
encuentra mas libre de dificultades para realizar su trabajo,
donde el músculo que estaba contraído se distiendo, donde el
órgano, el tejido que estaba comprimido encuentra la manera
de expandirse, donde la emoción tanto tiempo retenida
encuentra su manera de ser expresada, aceptada, donde la
personalidad no se siente amenazada por el terapeuta y puede
mostrarse tal cual es y ser reconocida por el otro y sobre
todo por si misma, donde el espíritu encarna y se realiza en
la materia.
Cuando el encuentro se produce allí donde está el cliente y
donde necesita que se produzca el encuentro y no donde le
gustaría o espera el terapeuta, es decir, sin expectativas
fruto de un conocimiento científico, que por grande y valioso
que pudiera ser, forzosamente ha de ser incompleto.
Cuando permitimos y facilitamos al cliente que se exprese tal
y como es, que pueda desarrollar su historia verdadera, esa
que aun no ha sido expresada o que es expresada
constantemente de forma inconsciente y aun no ha encontrado
ese instante de quietud de comprensión o de compresión
aquietada, de escucha sincera, esa escucha que te invita a
vaciar a dejar salir por fin, aquello que llevaba tanto
tiempo escondido, atrapado, bloqueado, aquello que no fue
escuchado en su momento.
Cuando alguien interesado por la terapia craneosacral
biodinámica pregunta sobre que es lo que hace un terapeuta de
esta practica, por que ha visto o experimentado una sesión y
le dio la impresión, de que el terapeuta apenas hacia nada,
es esta Nada, este no hacer, que puede llevar toda una vida
de practica continuada el empezar a sentirlo en la piel, en
las tripas, en los huesos, en todo tu Ser, el que lo hace
Todo.
"Es este no-hacer el que marca la diferencia. Porque hay una
gran diferencia entre una sesión dirigida por los buena
intención y conocimientos del terapeuta, que realiza el
diagnostico de lo que considera que está bien o mal, el
pronostico y el tratamiento, y que aconseja lo que considera
más apropiado para el cliente indicando finalmente cuando
tiene o no que volver a la consulta. Con la practica
compartida desde el no-hacer, el terapeuta procura mantenerse
abierto a la experiencia directa del momento presente y sin
ideas ni conceptos preestablecidos va constatando y dejándose
impregnar por lo que desde la Resonancia del momento actual
va surgiendo segundo a segundo entre ambos, entre los dos y
el Universo."
Procurando no poner ni quitar nada en la sesión que surja
desde de sus expectativas o intereses, por genuinos que
pudieran parecer a primera vista, si no mas bien confiando en
la sabiduría interna de cada uno, de la sinergia que surge
entre los dos mucho mayor que la suma de ambas potencias y
ante todo confiando en la Inteligencia de la Vida.
Desde mi propia experiencia, aun tengo mucho que hacer, un
gran camino que recorrer, muchos libros por leer y otros
tantos por tirar, muchos diálogos con mis compañeros para
aprender de y con ellos, y muchos encuentros en silencio para
escuchar lo que no puede ser nombrado, mucha escoria que
quemar en la gran fragua de la vida, antes de poder soltar
todo lo que me mantiene entretenido en este viaje,
dificultándome el Soy, Estoy, Ahora, Contigo.
Y sin embargo, más por revelación que por mis propios
conocimientos, en ocasiones, cuando Soy, Estoy Contigo y por
unos breves instantes se produce el encuentro en el que no me
cabe duda, Algo profundo ha sucedido; tal vez el cliente lo
experimente como una sesión extraordinaria en la que su vida
ha cambiado profundamente, o tal vez pase desapercibida la
experiencia hasta que llegue el momento apropiado. Tengo el
convencimiento de que es desde aquí, desde el Soy y estamos
juntos, desde donde se produce la profunda Sanación, que no
precisa mas que de un breve instante para florecer, aunque
puede necesitar de toda una vida para que se de esa
posibilidad.
Entiendo que estas habilidades que voy empezando a reconocer
y que se precisan para ser un “buen” escuchador, o
acompañante de tu proceso, o un “buen” terapeuta craneosacral
aún no están desarrolladas dentro de mi mochila, y aunque
procuro abrirme a la posibilidad de que el cambio se dé en
cualquier momento, también observo que parece que el proceso
todavía llevará su tiempo. Así que a ti, que lees esto, tal
vez como interesado, compañero de trabajo o cliente tan solo
te puedo ofrecer el intento mas que la consecución, la
alegría de la búsqueda más que la sensación de haber llegado,
el caminar juntos, aunque solo sea por unos instantes; el
camino del que no tengo certeza donde llegará, y sin embargo,
estoy aprendiendo, y lo podemos compartir, A DISFRUTAR.
Javier de María
Con-tacto
Según el diccionario, contacto significa la acción y efecto
de tocarse entre dos o más cosas y también, la relación o
trato que se establece entre dos o más personas o
entidades.
A partir de estas definiciones voy a tratar de extraer mis
propias conclusiones o tal vez ni siquiera sean “mías” sino
tan solo aquella parte de las palabras, de los significados,
que resuenan en el “Campo” que nos envuelve a todos los seres
vivos y del cual tomo como propio en cada momento, aquello
que me resulta más a fin con la concordancia interior de la
que soy consciente en ese instante.
Contacto, cuando oigo o pronuncio esta palabra me evoca una
necesidad profundamente vital del ser humano, que como ser
social, necesita para su desarrollo armónico el sentirse
tocado y en relación con los demás, especialmente desde su
más tierna infancia que es cuando se suelen generan las
improntas vitales que conformaran de manera importante
las habilidades y dificultades que posteriormente irán
condicionando nuestra vida. Si ya desde el nacimiento se
carece del suficiente contacto, se ha podido comprobar que se
crean carencias en el desarrollo fisiológico del recién
nacido, especialmente en la formación del sistema
inmunológico así como por supuesto predisposición a carencias
afectivas.
El bebe recién nacido es totalmente dependiente de sus padres
por lo que “Necesita” ser tocado, ser reconocido, estar en
relación. De no ser por su entorno no podría sobrevivir por
si solo, por lo tanto, si no siente una mano que lo acaricia,
un pecho que lo nutre o una mirada que se cruza con la
suya y le dice, si, te veo, estas ahí y me doy cuenta
de ello, si esto no se da, el recién nacido que carece de
memoria anterior para comparar, no sabrá si de lo que ahora
carece es para siempre o en breves momentos será colmado,
pues no conoce ni anticipa el futuro, ya que vive en un
continuo presente. Y si se crea esa impronta de desconfianza
en que sus necesidades serán cubiertas en el momento
apropiado esto le dificultará más adelante el poder confiar
en que la Vida ya cuidaba de él, de ti, antes de nacer, que
lo hizo durante el nacimiento y la pubertad, que continuo
apoyándote en la madurez y que esperará paciente a tu lado
para darte la mano, cuando tengas que volver a nacer.
El contacto se puede establecer a distintos niveles y de
diferentes modos.
Podemos partir del mero contacto físico en
el que dos cuerpos se tocan, desde mi punto de vista, si no
se incluye nada mas, este mero contacto en el que por ejemplo
una mano toca a un hombro, si no contiene en si mismo ese
Algo más que marca la diferencia, será apenas de alguna
utilidad o beneficio para ninguna de las partes.
También se puede establecer contacto visual,
como cuando distraídamente miras a alguien que pasa por la
calle. Podríamos decir que se ha establecido un contacto
unidireccional pues la otra persona no se ha percatado de
ello, de nuevo esta acción en si misma no se puede
considerar como terapéutica. Ahora bien, si en el mirar, se
pone intención y se incorpora conciencia muy probablemente
esa persona que paseaba por la calle ajena a nosotros se
volverá para mirarnos, pues de forma inconsciente se habrá
sentido mirado, reconocido y en función del matiz de la
intención puede resultarle molesta e incómoda la mirada o
resultar en una mirada que provee de un contacto
sanador.
Igualmente podríamos enunciar el contacto
auditivo. Cuando una persona está hablando y las
ondas que estos sonidos producen, viajando por el aire llegan
hasta otro oído que las recoge, se puede establecer que están
en contacto, pero sigue faltando ese Algo que aporta la
facilitación hacia la sanación. En cambio, si hay alguien que
no solo te oye sino que además te escucha, que está ahí
mientras tú comentas tus dificultades, sin poner ninguna
pantalla ni filtro entre ambos, sin aconsejarte ni compararte
con nada ni nadie (labor nada sencilla por otro lado) muy
posiblemente de ese encuentro surja un contacto
transformador.
Existe además el contacto energético,
en el que sin necesidad del toque físico o visual se puede
percibir de alguna forma al otro, es como si tu aura captase
algún tipo de irradiación que sin lugar a dudas te hace darte
cuenta de que estas en relación con lo que le está sucediendo
a otra persona, esta afectación suele estar condicionada por
la distancia, quiero decir que la onda que transmite este
impulso se percibe con mayor intensidad dentro de una cierta
distancia y se va amortiguando con la separación física entre
ambas personas.
Podemos por último nombrar el contacto que se
experimenta a través de la conciencia, que no se ve
condicionado por la distancia, por grande que esta pudiera
llegar a ser y se puede percibir con claridad esa relación
que mantenemos por ejemplo con alguien al que queremos
y que en el acto percibimos sin esfuerzo aparente
o mediante un enfoque de la atención, como se siente y como
eso nos está empezando a tocar a nosotros.
Todas estas formas de contacto son susceptibles de expresarse
mediante diversas cualidades y en diferentes niveles de
eficacia e incluso parece ser que cuando una de estas
capacidades se ve atenuada o eliminada las demás tienen
tendencia a incrementarse para compensar su carencia,
como cuando una persona pierde la vista y desarrolla mayor
habilidad con el tacto y el oído y como casi todo en la vida,
algunas personas nacen con una o varias de estas funciones
más sensibles o desarrolladas que otros y todas ellas,
pueden ser incrementadas con el tiempo y el entrenamiento
apropiados.
Desde el punto de vista terapéutico me surgen algunas
reflexiones:
¿Acaso puede la mano derecha, tocar a la izquierda, sin que a
su vez la izquierda, toque a la derecha?
¿Puede el terapeuta hacer contacto con un cliente sin que al
mismo tiempo el cliente toque al terapeuta?
¿Quién establece el contacto? La mariposa que en busca de su
alimento, realiza la acción de acercarse a una hermosa y
colorida flor o la flor que despliega sus colores y perfumes
y atrae con sutiliza a la mariposa.
En realidad ¿Es posible para el sanador o para el cliente, no
estar en contacto con el Aliento de Vida?
En la práctica cotidiana de mi consulta me doy cuenta de que
los limites convencionales de cuando se establece el contacto
con un cliente o cuando se termina este, van cambiando con el
tiempo en la medida en la que uno mismo lo va haciendo,
por lo que de vez en cuando merece la pena parar un poco y
volver a reconsiderar tus propias opiniones.
El concepto de contacto esta ampliándose constantemente y ya
se le queda pequeña la mera idea de tocar físicamente,
pues cuantas veces no te ha pasado que llaman por teléfono y
antes de descolgarlo ya te viene la impresión de que es tu
cliente que hoy no puede venir, o cuando estás en tu sala de
consulta y escuchas que ya ha entrado el siguiente y
está hablando con alguien mientras espera su turno, Algo, ya
esta poniéndose en marcha que te pone en contacto con como
viene hoy esa persona y cuando entra en la sala y nada más
hacerlo ya te ves en ocasiones impregnado conscientemente de
todo “eso” que lleva encima, no es acaso frecuente para
ti, que cuando el paciente se sienta para comentarte sus
vivencias sin necesariamente saber muy bien el cómo,
pero ya esta fluyendo o no, el encuentro entre ambos y
podríamos enumerar muchos modos diferentes en los que sin
haberse producido el contacto con las manos ya existe con
claridad un contacto energético, un encuentro de conciencias
y por supuesto también vemos el caso contrario como en
ocasiones, incluso a pesar de estar en contacto físico e
intentarlo con todas tus fuerzas o quizás por eso, no
hay manera de que fluya con facilidad la sesión y al terminar
te queda la impresión de que sinceramente lo has intentado,
pero no se ha dado el contacto sino tan solo el toque.
Parece ser claro que el contacto físico, sea a través de
cualquiera de los sentidos o el simple contacto
energético, no suelen ser suficientes para producir
cambios significativos. Lo que en realidad hace transcendente
el contacto, es que se establece una relación, un encuentro
en el que otro ser humano te ve, te toca, te escucha, te
percibe conscientemente y además te acepta “con-tacto”, con
delicadeza, con lo mejor de sí mismo, no con una parte de sus
sentidos o habilidades sino con todo su Ser, sin dejar
que su personalidad se interponga y aun así, esto todavía no
es la excelencia en la sanación, aunque si puede ser un buen
principio sin el cual, no se puede progresar.
Para que se pueda dar justo lo necesario en el momento
preciso, para que se manifieste el Aliento de Vida en
plenitud me veo enfrentado a un dilema que no se
resolver mentalmente con facilidad y es que mientras
estés tú personalmente en el sentido etimológico de la
palabra, de mascara, de actor, la libre expresión de la Vida
se ve condicionada por ti, por tus capacidades y carencias
que por mucho que hallas podido aprender por el camino es
mucho mayor lo que falta, pues lo finito no puede contener a
lo infinito.
Esto no quita, que desde el nivel de comprensión en el que
actuamos y en el que nos hemos formado cada uno, gracias a
nuestro esfuerzo personal y al de todas las generaciones que
nos precedieron y nos transmitieron sus conocimientos en
diferentes áreas del saber y la sanación, que desde este
nivel, no se puedan realizar grandes servicios a
nuestros clientes pues ciertamente, si desarrollamos una
buena capacidad de empatía y la apoyamos en los estudios de
una correcta formación en craneosacral podremos apoyar con
firmeza la homeostasis corporal y promover la salud en
cualquiera de sus expresiones.
Lo que quiero decir es que además de esto y sin renunciar a
ello hay un nivel de mayor profundización, un nivel en el que
me veo impulsado a realizar un Contacto no ya entre tú y yo
sino más bien, tengo que apartarme del camino, recrear el
vacio en mi para que pueda ser llenado, no por mí, sino por
El, para que pueda expresarse con libertad el Aliento de la
Vida.
De la misma manera en la que el aire nos envuelve
constantemente ,pero no penetra en el interior de nuestros
pulmones mientras estos permanecen llenos y cuando de forma
natural estos se vacían, se crea un espacio en su interior
que inmediatamente es vuelto a llenar, así tu y yo podemos
vaciarnos de nosotros mismos y promover un espacio, un ahora,
en el que se de lo que tenga que darse sin importar si lo
entendemos o no, de esta manera el hombre se sitúa como
intermediario entre el Cielo y la Tierra.
El hombre sin dejar de ser hombre, apoya sus pies sobre la
Tierra, alarga sus brazos hacia el Cielo y está en Contacto.
Nunca dejo de estarlo pero ahora tenemos la posibilidad de
empezar a darnos cuenta. Proyectando la atención desde el
centro raíz hacia la Tierra y respirándola pero sin ser solo
Tierra y proyectándote desde el centro coronario hacia el
Cielo y respirándolo pero sin ser solo Cielo, en medio de
ambos el ser humano vive y actúa como intermediario
incorporando el cielo en la tierra, acercando la Tierra al
cielo.
En mi opinión la antesala del Encuentro Profundo es la Paz
Interior desde la que puede surgir el aquietamiento, el
vacio, la vacuidad y allí no puedes entrar tu pues si
consigues entrar ya no está vacío sino lleno de ti, más
cuando se da esa experiencia, sencillamente es como si por
unos instantes hubieses desaparecido y al regresar sabes que
algo ha pasado pero no sabes el que, no lo recuerdas pues tu
no estabas allí, se da una vivencia a otro nivel de
conciencia o de existencia en el que al menos para mí no es
posible mantener la conciencia capaz de traer de vuelta el
recuerdo de lo sucedido. Mas inevitablemente, entiendo
que aunque solo haya sido una fracción de segundo, si se ha
elevado la onda vibratoria del contacto y te has
permitido tocar y ser tocado, si por una fracción de tiempo
has sido como una caña hueca por la que se ha entonado
con libertad la música del Universo sin duda seas consciente
o no Algo habrá sido transformado para ti, para tu cliente y
para todos los seres.
Javier de María Ortiz

